Gas asociado: el recurso que durante años se desperdició y hoy redefine la eficiencia

Durante décadas, el gas asociado fue tratado como un problema operativo más que como una oportunidad y en muchos campos petroleros, especialmente en regiones remotas o con infraestructura limitada, este gas simplemente se quemaba en antorchas, liberando energía (y valor) directamente a la atmósfera; pero hoy, esa lógica ya no es sostenible.

En una industria presionada por la eficiencia operativa, la rentabilidad y la reducción de emisiones, el gas asociado ha dejado de ser un subproducto incómodo para convertirse en un componente estratégico del sistema energético.

El gas asociado, también conocido como associated petroleum gas (APG), es el gas natural que se produce junto con el petróleo, ya sea disuelto en el crudo o formando una capa libre sobre él en el yacimiento; y aunque su origen es “secundario”, su impacto en la producción es absolutamente central.

Desde el comportamiento del reservorio hasta la economía del proyecto, pasando por la sostenibilidad ambiental, el manejo del gas asociado define, en gran medida, la calidad de una operación petrolera moderna.

El gas asociado como pieza clave del sistema productivo

Para entender el rol del gas asociado, hay que empezar en el subsuelo.

En condiciones originales, el petróleo en un yacimiento no está solo, está acompañado por gas que puede estar disuelto en el crudo o acumulado como casquete de gas y, a medida que la presión del yacimiento disminuye durante la producción, este gas se libera, expandiéndose y generando energía.

Esa expansión no es un fenómeno secundario, es uno de los principales mecanismos de producción. El gas asociado actúa como un motor natural que impulsa los hidrocarburos hacia el pozo. Sin esta energía, el flujo de petróleo se vería significativamente limitado, obligando a recurrir a sistemas artificiales desde etapas mucho más tempranas.

En otras palabras, el gas asociado:

– Mantiene la presión del reservorio

– Facilita el desplazamiento de fluidos

– Mejora la eficiencia del drenaje del yacimiento

Y cuando esta energía se gestiona correctamente, puede extender la vida productiva del campo y mejorar el factor de recuperación. Sin embargo, cuando se gestiona mal, se pierde uno de los recursos más valiosos del sistema.

Separación en superficie: el punto de inflexión operativo

Una vez que los fluidos llegan a superficie, ocurre uno de los procesos más críticos de la producción: la separación. En instalaciones de producción, los sistemas de separación trifásica permiten dividir el flujo en sus tres componentes principales: petróleo, agua y gas.

Aquí es donde el gas asociado deja de ser parte del sistema natural del yacimiento y se convierte en una decisión operativa. Cada barril producido viene acompañado de un volumen de gas. Ese gas puede ser:

– Reinyectado

– Utilizado como fuente de energía

– Procesado para su comercialización

– O, en el peor de los casos, quemado (flaring)

La forma en que se gestione este flujo define no solo la eficiencia técnica del campo, sino también su viabilidad económica y ambiental. Además, uno de los usos más estratégicos del gas asociado es su reinyección en el yacimiento, ya que, este proceso permite restaurar o mantener la presión del reservorio, especialmente en campos maduros donde la energía natural ya ha disminuido, pero su impacto va más allá del soporte de presión, la reinyección también:

– Mejora la movilidad del crudo

– Reduce la viscosidad en ciertos sistemas

– Aumenta el barrido volumétrico del reservorio

– Incrementa el factor de recuperación

En algunos casos, la reinyección de gas puede aumentar la producción entre un 10% y 30%, dependiendo de las características del yacimiento y del diseño del sistema. Es por esto que, el gas asociado deja de ser un subproducto y se convierte en una herramienta de ingeniería de yacimientos.

Gas lift: optimización del flujo en pozos productores

Otro de los usos clave del gas asociado es el levantamiento artificial mediante gas lift. En este método, el gas se inyecta en la columna de producción del pozo para reducir la densidad del fluido, facilitando su ascenso a superficie. El principio es simple, pero su impacto es significativo debido a que permite: 

– Reactivar pozos con baja energía natural

– Reducir la carga hidrostática

– Mejorar la estabilidad del flujo

– Optimizar la producción en sistemas con alta relación gas-petróleo

En campos donde la presión ya no es suficiente para producir de manera natural, el gas asociado se convierte en el elemento que mantiene viva la operación.

De igual forma, en muchas operaciones, especialmente offshore o en zonas remotas, el acceso a energía externa es limitado o costoso y aquí es donde el gas asociado adquiere un nuevo rol, ya que, puede ser utilizado directamente como combustible para:

– Generadores eléctricos

– Turbinas industriales

– Sistemas de bombeo

– Procesos de tratamiento

El uso del gas asociado para generación energética reduce la dependencia de combustibles externos como el diésel, disminuyendo costos operativos y mejorando la eficiencia energética del campo. Además, en contextos donde la infraestructura de transporte de gas es limitada, esta opción permite monetizar el recurso de forma inmediata.

De hecho, el uso del gas asociado para generación eléctrica en sitio es una de las soluciones más eficientes para reducir el flaring y mejorar la sostenibilidad de las operaciones.

Procesamiento y comercialización: el valor oculto del gas

El gas asociado no es solo metano, es una mezcla compleja que incluye componentes como etano, propano y butano, conocidos como líquidos de gas natural (NGLs), y a través de procesos de separación y tratamiento, estos componentes pueden ser extraídos y comercializados como:

– GLP (gas licuado de petróleo)

– Gasolina natural

– Materia prima petroquímica

Este proceso convierte un subproducto en una fuente adicional de ingresos. En muchos proyectos, la monetización del gas asociado puede representar una parte significativa del valor económico total del campo.

Sin embargo, a pesar de su valor, una gran parte del gas asociado aún se quema o se libera a la atmósfera, por lo que ocurre el “flaring”, generando: 

– Falta de infraestructura de transporte

– Limitaciones en la demanda local

– Restricciones operativas

A nivel global, se estima que miles de millones de metros cúbicos de gas son quemados cada año, representando una pérdida económica significativa y una fuente importante de emisiones de gases de efecto invernadero. Hoy, las regulaciones son cada vez más estrictas y la quema rutinaria ya no es aceptable, por lo que, las empresas están obligadas a implementar soluciones que permitan capturar, utilizar o almacenar el gas asociado de manera eficiente.

Es así como, en la transición energética actual, el gas asociado juega un rol clave, no como sustituto del petróleo, sino como elemento de optimización y su correcta gestión permite:

– Reducir emisiones de metano y CO

– Mejorar la eficiencia energética de las operaciones

– Integrar soluciones de captura de carbono (CCS)

– Facilitar la transición hacia sistemas energéticos más limpios

Incluso en proyectos de captura y almacenamiento de carbono, el gas asociado puede ser parte del sistema, ya sea como fuente energética o como componente en estrategias de reinyección.

El gas asociado siempre ha estado ahí, formando parte del sistema natural del yacimiento, acompañando cada barril producido y liberándose con cada caída de presión, pero durante años, fue tratado como un residuo. Sin embargo, eso ha cambiado.

Ahora, el gas asociado es un indicador de eficiencia, una herramienta de ingeniería, una fuente de energía y un activo económico. No es un subproducto, es parte del sistema; y las operaciones más eficientes no son las que producen más petróleo, son las que entienden todo el sistema energético que hay detrás de ese petróleo.

En iEnergy, tenemos presente que la producción de hidrocarburos no se trata solo de extraer crudo, sino de gestionar inteligentemente cada componente del yacimiento, desde el subsuelo hasta la superficie.

Porque en la industria energética moderna, la diferencia no está en lo que produces, sino en todo lo que decides no desperdiciar.

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